Al pensar en ti te imagino mujer. Joven, recostada, con tus largos cabellos resbalando sobre tus hombros y tocando con sus puntas estos folios. Te imagino paciente ante mis frases, deteniéndote una y otra vez en las palabras que te escribo. Te imagino como alguien que conocí antes, en algún momento. Te imagino vacilante, interesada en lo que te he escrito. Te imagino con ojos grandes pero no sé de qué color, no me importa. No eres Venus. Tranquila, lo sé. Y porque no lo eres, por tu clamorosa imperfección, me preocupas más. Sería insoportable tener a Dios de lector, ¿no crees? Te agradezco que me dejes imaginarte. Y si no eres mujer, mejor, porque así comprenderás que hay cosas que son imposibles de olvidar desear.
miércoles, 11 de abril de 2007
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