No sé a ciencia cierta si es que comienza a disiparse el furor por el cine de horror oriental o porque ya forma parte del espectro que conforma nuestras carteleras. Y no me valen las explicaciones del tipo El Código Da Vinci ("es mala y punto"): en este caso el fenómeno es tan amplio y heterogéneo -a pesar de unos característicos lugares comunes- que hay de todo: desde tostones infumables hasta obras interesantes. Pero lo único cierto de verdad es que poseen elementos de los que carece el cine de miedo occidental y que, en muchas ocasiones, lo supera. En mi opinión esto sucede de un modo semejante al del origen de alas en insectos y aves: se parte de orígenes muy diferentes para acabar concurriendo en un mismo destino. En este caso ocurre como con el anime, que el origen de sus técnicas y sus rutinas (las caras inexpresivas en las que sólo se mueven los labios) habrá que rastrearlo en el ancestral teatro kabuki o de las máscaras. Echadle un ojo a esto porque no es una teoría descerabrada en absoluto.Por tanto, lo del cine de terror, ya sea The Ring, La maldición o The Eye, entre otros títulos, responde más a ese atávico mundo de los espíritus tan presente en las mitologías del Lejano Oriente. El problema es que las historias acaban siendo muy semejantes y, salvo las atmósferas y los excelentes momentos de tensión, se acaba cayendo de forma indefectible en el tedio.
No obstante, parece que existen visos de renovación. Hace unos días, y, como viene siendo normal últimamente, vía Dafaka, me tragué una de las últimas pelis de Takashi Shimizu, Marebito. Para mi sorpresa, lo que comienza como un sucedáneo más de la misma historia, again and again, acaba convirtiéndose en una obsesiva película más cercana a Lynch o Cronenberg, pasado todo por una temática que la hermana con Lovecraft. Un tío se mete por conductos de ventilación del metro hasta aparecer en el Mundo Interior, donde se encuentra a una vampiro que rapta como mascota. Relato obsesivo de miedos íntimos en el que la historia no es lo más importante. Recomendable, aunque hay que ir preparado con estómago y moral suficientes.
En fin. Qué quieres que te diga, yo me cago con esas putas películas, soy un puto crío.

